LA LLAVE. Tomás Albornoz fue clave en su ingreso para darle otra dinámica al equipo (Foto: Archivo)

El conjunto tucumano arrancó dormido y en treinta segundos ya perdía siete a cero. Pero tuvo la capacidad de reaccionar y revertir un encuentro que no le era favorable, para terminar festejando.

El duelo entre tucumanos y cordobeses se jugaba al ritmo que a los de La Docta les convenía y con muy poco, la visita, se llevaba mucho. Pero la llave del triunfo estaba en el banco de relevos.

Estas fueron las claves del éxito:

La defensa fuerte y firme: salvo la desconcentración del inicio, el quince tucumano se mostró sólido y más aún, cuando a la visita veía que el partido se escapaba.

El cambio de ritmo y variante que le aportó Tomas Albornoz:  el partido no tenía mucha dinámica porque Córdoba así lo quería y la conducción del equipo tucumano carecía de variantes. Desgraciadamente la lesión de Ledesma obligo a poner a Albornoz y fue quien cambió el ritmo del partido, introdujo variantes y también cambió la mentalidad de todo el equipo. Por otra parte realizó el try del empate y facilitó el de Cartier con un toque de distinción.

Los cambios esta vez funcionaron: contrariamente a lo ocurrido en el debut, los ingresantes se ensamblaron rápido y el funcionamiento no se resintió.

Comprendieron que el encuentro dura 80 minutos:  cuando Córdoba buscó el empate faltando cinco minutos, encontró una defensa lúcida y aguerrida del ingoal local.

La victoria suma y ayuda a trabajar para el próximo choque ante Cuyo, en el mismo escencario.

 

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