Una derrota que decepciona

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Poco entusiasmo. Las tribunas de Universitario no estuvieron llenas. Había más salteños que tucumanos.

Tucumán, a pesar de la calidad de sus jugadores, nunca logró forjar un equipo que imponga su juego. Algunos arrestos individuales y una defensa que fue vulnerada con frecuencia, son los puntos en contra. A favor, hay un equipo juvenil con mucho potencial.

No todas son pálidas aunque los fríos números nos digan que Tucumán perdió 3 de cuatro partidos en el Campeonato Argentino, recibió 103 puntos y es uno de los equipos menos efectivos del torneo con sólo 98 tantos.

No era lo que se esperaba de esta Naranja que arrancaba con nuevos entrenadores, con un plantel prácticamente renovado al 100% y con jugadores que, durante el año, dieron muestra de gran talento y jerarquía jugando en sus clubes.

Sin embargo, Tucumán dejó la sensación que nunca terminó de sentirse cómodo con el sistema o esquema de juego que quisieron delinear el cuarteto de entrenadores. Uno de los puntos más flojos del torneo fue, sin duda, el scrum. Un problema que no lo encontraron la vuelta a pesar de que movieron toda la primera línea. Hasta llamaron a un jugador (Roberto Tejerizo) para esta última fecha aunque tampoco le resolvió las cosas al pack. Así, La Naranja perdió una de sus históricas armas de ataque.

Entonces, quedaba ver qué podía resolver su línea de tres cuartos. Cuando las cosas salieron en velocidad y precisión, se pudieron ver tries de buena factura. Sin embargo, esas conexiones duraron muy poco. Fueron esporádicas. Tucumán fue un equipo que no logró un rendimiento parejo durante los 80 minutos. Con Cuyo, se desconcertó cuando creyó que el partido lo tenía resuelto. Ante Córdoba, la situación mejoró y se vio el temple del equipo. Buenos Aires, fue un partido que pudo haber ganado pero no lo cerró quizás por falta de experiencia. La defensa no fue uno de los picos de rendimiento del equipo precisamente y ya los números cantan por qué.

Ante Salta tuvo un gran arranque y luego, se fue perdiendo en medio de infracciones, dejando crecer a los Mayuatos que jugaron un buen partido pero que no fueron netamente superiores. Sí entendieron cómo volverse con puntos cada vez que pisaron terreno tucumano y ahí estuvo la diferencia.

Tucumán fue un equipo altamente infractor, sumando muchas amarillas y dando ventajas al rival en los penales durante el torneo. El único que no supo aprovechar esa situación fue Córdoba.

Con estas actuaciones, La Naranja fue un equipo que no enamoró al público. Ni siquiera apostando al ingreso gratis para los más chicos. En la fecha que se jugó en Tarcos no se acompañó como se esperaba, tal vez, porque pensaron que Cuyo no sería rival y más de uno se sorprendió con la derrota. Tampoco en Universitario hubo gente que alentó a La Naranja. Sólo se despabiló cuando existía la posibilidad remota de ganar un partido en el último minuto y más por responder a los muchos de salteños que llegaron al barrio Ojo de Agua que por creer en lo que hacía el equipo local.

¿A favor? Un plantel joven, con muchas destrezas, que puede desarrollar su tremendo potencial con más trabajo.

Ese será un tema que deberán resolver quienes están al frente no sólo del equipo sino de la Secretaría Técnica y de la CD de la Unión, para encontrar un camino de regreso a los tiempos en que Tucumán era la capital del rugby.

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