Un tucumano prueba suerte en Francia

El tucumano hace experiencia en Francia.

Alejandro Nazur tiene 20 años y es uno de los grandes proyectos de la academia de Aurillac. El ex Los Tarcos, contó cómo es el proceso de captación de jóvenes talentos al rugby profesional.

La Argentina ha sido, con mayor frecuencia a partir del Mundial de 1999, un semillero de jugadores que reforzó los equipos de las distintas ligas europeas. Y mientras el Plan de Alto Rendimiento ha puesto un freno en el éxodo de valores a competencias de segundo orden, también son cada vez más las alternativas que se presentan para emigrar al viejo continente.

Un ejemplo concreto de las nuevas cartas que tienen los protagonistas sobre la mesa es el caso de Alejandro Nazur, que a sus 20 años se encuentra contratado por la academia de Aurillac, club del Pro D2 francés que tiene al tucumano como una de las grandes apuestas para explotar en un futuro.

¿Cómo hacen las instituciones para importar jóvenes talentos?

“El club tiene, para los extranjeros, el Centro de Formación de Aurillac: es como un hotel grande, cada uno tiene su habitación, son como mini departamentos y cada uno tiene su baño y su cocina. Ya después cuando te hacen contrato profesional, depende el tipo de contrato que te hagan, te dan un departamento para que vivas solo y un auto para que estés más cómodo”, explicó Nazur, que compartirá los colores con los ex Liceo Militar Nicolás Basile y Sebastián Suárez.

“Lo que hace la diferencia es lo económico, porque acá te pagan un sueldo por mes, te dan ropa para entrenar, indumentaria, todo lo que no te dan en la Argentina. Por ejemplo, acá tenés que cuidarte bien con el cuerpo, no podés salir de joda como en la Argentina. De vez en cuando podés salir y disfrutar, pero tranquilo, no emborracharse. Digamos que depende más de vos y el nivel se ve en la cancha”.

“Ha sido un poco de suerte, buscando a través de Internet”, comienza explicando, sobre su llegada al viejo continente en 2010, quien fuera campeón del Torneo Argentino de Menores de 19 con el Seleccionado de Tucumán compartiendo equipo con nombres como Ramiro Moyano e Ignacio Rodríguez Muedra, flamante incorporación de La Rochelle, entre otros.

“Desde que empecé a jugar soñaba con venir a Europa, a cualquier país: Italia, Francia, Inglaterra… Todos sabemos que Francia es uno de los mejores países a nivel rugbístico; yo llegué acá a través de un representante español, que me dijo que Aurillac necesitaba un jugador en mi puesto y me pidió si le podía mandar un video, así que le mandé el que jugué con el Seleccionado de Tucumán, lo han visto y me han llamado”, relata el segunda línea.

“Al principio me sentía un poco incómodo, porque no es lo mismo que jugar en tu club. Es difícil asentarte, pero después con el tiempo te vas acostumbrando, te vas haciendo amigos y vas formando parte como si fuera tu club de la Argentina”.

“Cuando llegué acá no entendía nada de francés y empecé a aprender y ahora por suerte hablo, no perfecto, pero me puedo comunicar bien con mis amigos y eso es fundamental para dialogar acá, porque no todos hablan español. Yo hablo inglés también y eso me ayudó un poco”, contó Alejandro sobre sus primeros días en Francia.

Actualmente, Nazur se desempeña en la Intermedia de Aurillac, división conocida en Francia como Espoirs (“espera”, traducido al español), que es donde se foguean, hasta los 23 años, a los jugadores en un alto nivel de competencia para poder contar con ellos en plenitud en la Primera. “Aquí te respetan mucho la edad. Yo a los 19 debuté en mi club, pero aquí es diferente, te cuidan mucho y es otra cosa por el tema de las lesiones”, explicó.

En su vida social, Alejandro ha conformado una amistad con compañeros originarios de las Islas del Pacífico y ha quedado muy arraigado a la cultura maorí. Tanto es así que decidió tatuarse un tribal que le ocupa gran parte de su brazo derecho y que baja por su pectoral: “es un poco por representar lo que me gusta, no sabés lo que sufrí en el pecho, impresionante”.

“Yo te juro, el año pasado odiaba los tatuajes. Mi hermano se había hecho uno y yo le decía ‘¿por qué te has hecho un tatuaje? Eso es de tonto, es de gil’, y ahora se dieron vuelta las cosas”, bromea.

Por último, el forward dedicó unas palabras para confesar qué es lo que más extraña de su país: “¡la comida de Argentina! Acá todo el tiempo comen pescado y hace falta algún asadito, que nunca viene mal» dice mientras suelta la carcajada.

Será difícil constatar si fue la modernidad la que le tomó la mano al rugby o viceversa, pero ha quedado en claro que el crecimiento individual en tierras lejanas ya no es exclusivo de quienes poseen una basta trayectoria en el ámbito local. Por el contrario, la inexperiencia es, también, un factor que afuera ya tienta y lo tienen bien en cuenta.

fuente: rugbyfun