«Sé lo que significa La Naranja»

Pablo Pérez habla al grupo de jugadores. Gravano escucha atento. Pablo Pérez se incorporó al staff de entrenadores de Seven de la Unión de Rugby de Tucumán este año y quiere repetir para La Naranja lo que hizo con Salta en el 2003.

Se acerca con la calidez de siempre, acepta gustoso el convite con Rugby Tucumano para hablar de su experiencia en esta nueva etapa que es integrar un staff técnico tucumano.

Se muestra afable, agradecido y orgulloso de la oportunidad y, por qué no, ansioso de demostrar que está a la altura de la circunstancias. Para eso, muestra sus pergaminos.

«No es la primera experiencia que tengo a nivel Seven. A nivel selecciones ya entrené el seleccionado mayo de Salta durante tres años (cuando los Mayuatos decretaron el descenso de Tucumán) y al frente del Seven salteño estuve varios años. La única vez que Salta salió campeón argentino fue cuando yo lo dirigía, en el 2002. Ahí jugaba la base de Universitario de Salta: Aníbal Pérez, Emanuel Caro, José Goy Correa, Roberto y Eduardo Moreno Solá, Pablo Saravia y después se sumaron Mauricio Gimenez y Santiago Zabaleta, entre otros.  Jugaban de memoria», dice quien se inició rugbísticamente en la U salteña.

«Obviamente muy contento y agradecido por la oportunidad que me brindan Oscar Prado, Javier Martínez Riera y sobre todo Leo Gravano, que me abrieron las puertas sabiendo que es difícil La Naranja teniendo en cuenta mis orígenes», dice este tucumano repatriado.

«No sé por qué piensan que soy salteño. Soy tucumano, me crié en Ciudadela hasta los 8 años. Me fui a Salta, por obligaciones laborales de mis padres y ellos siguen viviendo allá, junto con un hermano. Pero en realidad yo tengo todos mis familiares acá, casa de veraneo, mis vacaciones siempre fueron en la provincia. Estuve viviendo en Salta muchos años pero soy tucumano», afirma y tira abajo el mito del salteño que sacó campeón a Universitario.

«La verdad que estar acá es una alegría inmensa porque siempre aspiré a progresar. Soy muy competitivo y me gusta ganar. Mientras mejores desafíos haya, mucho mejor», confiesa sobre la proposición de integrar el cuerpo de entrenadores.

Y el desafío mayor es que el tucumano juegue este juego que se está imponiendo en el mundo. «El tucumano no tiene idiosincracia de Seven. Leo viene haciendo un gran trabajo los últimso tres o cuatro años, donde llegó a semifinales y finales y tiene un estructura de trabajo. Pero eso es por un voluntarismo de él. Los clubes tampoco tienen planificado trabajar por el seven. Por ejemplo, en Salta, los clubes no ven las horas que termine la temporada de quince para viajar a cuanto torneo haya en el país. Viajan a todos lados: Corrientes, Rafaela, Rosario… Acá no. Es al revés. Pero creo que también tiene que ver con que el torneo es muy desgastante, competitivo, los jugadores terminan agotados la temporada a fin de año. El Seven hoy es casi un deporte aparte porque tiene un sistema, se juega diferente y te tiene que gustar jugarlo. Por más que estés bien entrenado, los 14 minutos que dura el partido son muy intensos y al jugador tucumano le gusta más el juego de quince que el de siete», explica Pablo.

«Por supuesto que Tucumán tiene jugadores aptos para este juego y de hecho no te olvides que José María (Núñez Piossek) surge del Seven. Es un juego ideal donde uno ve a un jugador y en el acto le hace una radiografía perfecta porque no cualquiera puede jugarlo. Uno observa al jugador y le detecta las destrezas: si tacklea, si da buenos pases… uno ya sabe lo que puede hacer incluso en un juego de quince. No te olvides que del último equipo de Los Pumas, sacando a los cinco primeros, el 80 por ciento de los tercera línea y los backs pasó por el Seven», afirmando su convicción que este juego muetra al jugador en todas sus facetas.

«Los clubes tienen que colaborar conformando equipos y los jugadores tienen que tener ganas de viajar: a Salta, a Corrientes, a Rosario, Rafaela… hacer el circuito de verano. Pero nadie lo hace. El sistema ha cambiado bastante y hay que estar muy preparado, no sólo físicamente sino también de la cabeza. La final de los Panamericanos es un ejemplo porque se merecía ganarlo Argentina pero dos errores y ya no hubo tiempo para la recuperación. Mucha cabeza y corazón, sobre todo», analiza Pablo.

Ezequiel Faralle será uno de los jugadores que luego de Paraná, viajará a Ecuador.

«Sé lo que significa La Naranja. Desde que me abrieron las puertas de Universitario hace cinco años cuando volví, conviví con mucha gente que estuvo en selecciones. Entiendo la pasión del rugby tucumano porque no te olvides que estuve del otro lado y lo jugaba en contra. Me tocó estar en el cuerpo técnico cuando descendió Tucumán. Pero también ví cómo salió campeón del Ascenso y al año siguiente, Campeón Argentino. Eso no lo hace cualquiera», agrega.

«Las expectativas para este fin de semana es salir campeón. Como entrenador de Seven, de mi época de la U de Salta que fue un gran equipo que salió campeón de muchos torneos y la base del campeón argentino, no pienso en otra cosa. Y ahora potenciado por dos temas: primero que vamos con un gran plantel, con chicos que son parte del Circuito Mundial a nivel nacional y segundo, la camiseta. Cuando te ponés La Naranja no te queda otra cosa que ganar. Es una linda autopresión», dice y sonríe.

Después vuelve a reunirse con el cuerpo técnico, tranquilo, esperando que este fin de semana vuelva a gritar campeón argentino pero con otros colores.

Esos que ahora son los suyos.