Hablando de respeto

Silbado. El pateador sudafricano fue abucheado cada vez que apunto a los palos.

Silbado. El pateador sudafricano fue abucheado cada vez que apunto a los palos.

Este fin de semana pasado se criticó la reacción del público argentino al silbar y abuchear a los pateadores sudafricanos. Pero también hay actitudes que denotan una falta de consideración como la vivida en Tucumán ante la visita del seleccionado de Formosa.

«El respeto es un sentimiento positivo que se refiere a la acción de respetar; es equivalente a tener veneración, aprecio y reconocimiento por una persona o cosa. Como tal, la palabra proviene del latín respectus, que traduce ‘atención’, ‘consideración’, y originalmente significaba ‘mirar de nuevo’, de allí que algo que merezca una segunda mirada sea algo digno de respeto.

El respeto es uno de los valores morales más importantes del ser humano, pues es fundamental para lograr una armoniosa interacción social. Una de las premisas más importantes sobre el respeto es que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a comprender al otro, a valorar sus intereses y necesidades. En este sentido, el respeto debe ser mutuo, y nacer de un sentimiento de reciprocidad».

Por respeto a Ud, lector, estas primeras líneas que definen la palabra, fueron sacadas de el sitio web http://www.significados.com/. Dicho esto, podemos entrar en el debate de si abuchear o silbar a un jugador de rugby que está por patear a los palos para provocar cierta inestabilidad emocional está bien o está mal, es libre expresión o simplemente una burda manera de querer ayudar al equipo con el que se siente uno identificado.

Es cierto que esta palabra es uno de los pilares del rugby. Es cierto que, también hay que admitirlo, no se la tiene en cuenta cuando vemos incoductas dentro del campo de juego. Ni hablar, desde afuera. Sería largo recopilar la extensa lista de improperios emitidos en las diferentes tribunas de las canchas tucumanas, tanto en partidos locales como cuando nos visitaban equipos internacionales.

Podríamos decir que es propio de la cultura. Que no sabemos cómo resolverla en otros ámbitos y que ésta es una consecuencia en el contexto de un partido de rugby.

Para algunos será divertido. Para otros, el rugby pareciera futbolizarse que es, nada más ni nada menos, expresar un cultura arraigada en nuestros genes.

Pero es más aún una falta de respeto no tener convenientemente preparada mi casa cuando viene alguien de muy lejos a visitarme y habiéndome avisado con antelación.

Esta es la sensación que dejó la Unión de Rugby de Tucumán tras la visita del seleccionado de Formosa que jugó un amistoso con el seleccionado Desarrollo Tucumano el viernes pasado.

¿Cómo puede ser, que un seleccionado sea recibido en la cancha N° 2 del anexo de un club habiendo al menos dos canchas más en un rango de no más de 5 kilómetros que podían ceder sus instalaciones acorde a un evento de esas características?

¿Cómo puede ser, que el partido que fue programado para la noche no tenga la suficiente iluminación, que la cancha no haya sido regada para no levantar tanto polvo y que no fueran correctamente marcados los límites del campo de juego?

¿Cómo puede ser, que habiéndose suspendido una fecha en el Desarrollo por no cumplir con el BDUAR, la noche del encuentro ni siquiera se haya preparado una ficha para identificar a los jugadores que entraban a la cancha, tanto de Tucumán como de Formosa?

¿Cómo puede ser, que se inició un partido sin tener un médico designado formalmente?

Y por último, ¿cómo puede ser, que una Unión del prestigio de la Tucumana, tan reconocida a nivel nacional como internacional, lleve sólo dos vocales de la dirigencia a ver ese encuentro?

Eso, sin contar todos los inconvenientes que tuvieron que superar los más de 35 jugadores que voluntariosamente y con tremenda actitud, fueron a entrenarse para cumplir ese partido y ganar 52 a 21 realizando un gran juego.

Algunos de ellos hicieron más de 200 kilómetros para salir de casa, entrenar y volver, para representar dignamente y con orgullo a su provincia.

Ellos también se merecen respeto.

Relacionados