¡¡Feliz cumpleaños, Naranja!!

La camiseta que distingue con ese color al seleccionado tucumano fue utilizada por primera vez en 1971. Cómo se cambió de color y por qué. Una historia de noble entrega de jugadores que representaron a Tucumán y generaron la mística que perdura hasta hoy.

Naranja. Color semejante al de la fruta naranja madura, y que ocupa el segundo lugar en el espectro luminoso. Color intenso, brillante, optimista y edificante, rezan las definiciones de un color que produce sentimientos de calidez, emoción y diversión.

En sicología, se han relacionado con rasgos de personalidad, actitudes, motivaciones y emociones. Representa principalmente la alegría, el entusiasmo y lo divertido.

«Sol y luna, sol y luna, sol y luna, sol y luna, la Naranja es la nueva camiseta de Los Pumas…»

Este coro bajaba de las tribunas llenas del estadio de Atlético Tucumán en la década del 90‘, cuando a nuestra provincia llegaban todos los seleccionado internacionales posibles para jugar con Tucumán, tras un empate histórico del seleccionado ante Francia en 1988. Ese partido terminó 18 a 18.

Eran épocas de gloria. Fue la década más rica del rugby tucumano, en la que cosechó siete títulos argentinos (85, 87, 88, 89, 90, 92 y 93). Era la época en que Tucumán mandaba en el concierto nacional, al punto de llegar a contar con ocho representantes en el plantel de Los Pumas que participó en el Mundial 91 en las islas británicas. También de grandes aportes a Los Pumitas. La época en que el rugby de Tucumán trascendió al mundo.  Así lo refleja el sitio de la Unión Tucumana de Rugby, en palabras del periodista Tomás Gray, uno de los más reconocidos escribientes de rugby del NOA.

El seleccionado tucumano que ganó el primer título Argentino en 1985.

Ahí nació la «mística naranja» pero mucho antes, ese color de camiseta ni siquiera se imaginaban los fundadores de la Unión de Rugby del Norte. El primer color de la camiseta que representaban fue marrón. Pero todo cambió a mediados de 1971.

Hay que ir un poco más atrás en la historia. El 27 de setiembre de 1959, el seleccionado (todavía Unión del Norte, con camiseta marrón) perdió 10 a 9 contra Capital, en cancha de GEBA, con un polémico arbitraje. Acostumbrados al papel de punto en los duelos con los porteños, los tucumanos no se hicieron demasiado problema. pero hubo alguien que sí terminó indignado: Saturnino Racimo, hombre de San Fernando, que luego del partido enfiló la vestuario tucumano. Y comenzó a las puteadas: «¡pero estos hijos de ….. ustedes les pegaron un baile y los trampean de esa forma! ¡Es una verguenza!», dijo y los invitó a todos a almorzar en un lugar bastante caro.

«Yo lo miraba con desconfianza porque tanta generosidad era poco común. Pero resultó ser un tipo espectacular, con el que nos hicimos grandes amigos. Fue un regalo de Dios ese petiso, tenía un coraje bárbaro«, recordó Carlos «Cacho» Valdez, en la nota en La Gaceta. Fue designado como representante de Tucumán en Buenos Aires.

Tan comprometido estaba con la causa tucumana, que no podía aceptar que el seleccionado siguiera vistiendo un camiseta marrón que, en sus comienzos, lucía distinguida y elegante pero que, después de tantas batallas y sucecivos lavados, había adoptado una tonalidad grisácea y terrosa, sin vida.

Manuel Galindo recordó que estaban en la sede de lo que hoy es la URBA y Saturnino les dijo: «Che, déjense de joder con esa camiseta horrible. Los rivales ya ni los respetan». Le explicaron que no había plata para comprar nuevas y respondió: yo me encargo. A los dos meses llegaron unas cajas con 20 camisetas naranja con cuello blanco, medias del mismo color y pantalones blancos.

«Al principio no me gustó. Era demasiado llamativa. Con el tiempo, no sólo nos gustó a todos sino que se convirtió en el color distintivo de Tucumán», dijo Julio Bach, el primer Puma de la provincia.

«A mí me gustó el camibo. La marrón ya estaba destruída. Y además, el color nuevo tenía que ver con las naranjas tucumanas. De todos modos, la mística se generó recién a partir de los 80′s. Nosotros no jugábamos bien», reconoció Hugo Ferrari quien jugó contra Oxford Cambridge.

Eso fue el 11 de agosto de 1971 y el partido fue favorable a los ingleses 21 a 9.

Ahí comenzó su historia La Naranja que, con el tiempo, se transformó en el símbolo de Tucumán. No era el seleccionado tucumano. Era el Seleccinoado Naranja. Tanto se volvió emblema de la tucumanidad, que el seleccionado de hockey (el deporte que compartió sede con el rugby por muchos años) también lo adoptó como su color representativo.

En 2001, en ocasión del Argentino de damas que se realizó en Tucumán, la por entonces presidente de la Asociación locla, Graciela de Gregorio, impusló el cambio del verde y blanco hacia el naranja.

«Fui jugadora del seleccionado y nunca entendí por qué éramos verdes. Sentía que el rugby y el hockey son una sola familia. Así que cuando fui presidenta presenté la iniciativa al Concejo y todos estuvieron de acuerdo«, contó la ex jugadora de Los Tarcos.

La Naranja, hoy, es imposible disociarla con la camiseta del seleccionado tucumano. Es imposible no asociarla con pasión, con entrega, con emblema, con orgullo, con mística. La que construyeron cientos de jugadores que hicieron de Tucumán el centro del mundo rugbístico desde mediados de los ochenta hasta la década del 90.

Hoy, por diferentes motivos, esa Naranja está dormida, esperando su momento para volver a lucirse entre el verde césped y recibir la calidez de los hinchas que alguna vez poblaron las tribunas de Atlético Tucumán.

Y volver a cantar: «Sol y luna, sol y luna, sol y luna, sol y luna, la Naranja es la nueva camiseta de Los Pumas…»

Fuentes consultadas: La Gaceta y Unión Tucumana de Rugby

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