«Extraño un montón Tucumán»

Claudio Antonio volvió a Tucumán después de más de dos años al lugar de sus afectos, cerca de su Lince y a dirigir en cancha de Cardenales.

«¿La verdad? Extraño un montón Tucumán. No veo las horas de volverme», decía al arrancar la nota, sosteniéndose como podía de una contractura que lo tuvo a maltraer desde la finalización del primer tiempo del partido entre Cardenales-Tala.

«El año pasado vine para dirigir Universitario pero en esta cancha, en este club (Cardenales) dirigí mi último partido en el torneo de Tucumán. Tengo buenos y viejos amigos, a cuatro cuadras de mi club. Muy contento, con un montón de sensaciones de alegría, de nostalgia…. La verdad que me tocaron. Me costó entrar en ritmo del partido porque me acordaba de cuando jugué acá con mi club, en Primera, en juveniles, cuando dirigí en Primera que Cardenales tuvo buenos equipos, con muy buenos jugadores. Ante Tala se notó, que es un equipo con jugadores de mucha experiencia de selección de Córdoba, y  lo pudo dar vuelta», decía este mendocino, adoptado tucumano, que jugó en Lince 12 años y que ahora, por cuestiones laborales, está de nuevo en Mendoza.

«Cuando dejé de jugar estuve dos años colaborando como entrenador en Pre Intermedia e Intermedia, hasta que en el 2002 me hice árbitro para colaborar con el club como hacemos todos», explicaba el por qué de su inclinación por el referato.

«Empecé en los torneos juveniles, hasta que llegué a Primera en el 2004. El primer partido que arbitré fue el Ascenso, Jockey de Salta – Corsarios, en Salta con cuatro grados bajo cero y al año siguiente en Tucumán Rugby, también contra Jockey de Salta, dirigí mi primer partido en Primera», rememora.

«Ya a partir de ese año comencé a integrar el plantel de la UAR en los partidos de los juveniles, luego comencé referear los campeonatos argentinos de Mayores en Ascenso, dirigí 2n 2006 y 2007 las semifinales de los torneos del Unión de Tucumán y en 2008, por cuestiona laborales y personales, me fui a Mendoza. Actualmente estoy representando al club Pumay que es un club de desarrollo, que está a 20 km de Mendoza en Maipú», explica ahora.

– ¿Por qué Pumay y no otro club con más tradición?

– Porque salió así. Como no estaba comprometido con ningún club, surgió la posibilidad de ir a colaborar con este club que es nuevo, no más de cinco años, que tiene divisiones juveniles, infantiles y rugby femenino. Hace tres años que estoy dirigiendo Campeonato Argentino de Mayores, estuve en un Sudamericano en Perú, dirigí el partido clasificatorio para la Copa del Mundo entre Brasil-Chile representando a la Unión de Cuyo.

– Por el destino te trajo hasta acá, a la Silvano Bores pero al 400…

– Si bien rugbísticamente nací en Lince, el clásico del barrio, tengo muchos amigos en este club y chicos contra los que he jugado que siguen siendo descarados como para seguir jugando (risas)

– Como Pablo Varela…

– No lo quería nombrar… lo nombraste vos. La verdad que es un viejo amigo y me alegra que siga ligado a un deporte que lo más lindo es ser jugador.

Difícil de arbitrar Pablo, ¿no?

– Ya nos conocemos hace mucho y sé que cómo es, el sabe como soy y adentro de la cancha pasan muchas cosas que afuera no se saben. En ese partido me contracturé, la cancha estaba muy dura y en la última jugada del primer tiempo me contracturé y en los segundos 40 minutos había que meterle corazón. Había hecho 1100 kilómetros, me chupé un viaje de locos y no podía salir de la cancha lesionado.

– Cómo es seguir ligado al rugby en Mendoza…

– Estamos bien, con la familia, contentos aunque siempre con la esperanza de un retorno porque tengo mis amigos, mi club y uno siempre tiene la idea de volver. Allá juegan un rugby totalmente distinto no es tan físico como el de Tucumán. Hay buenos jugadores, lindos clubes pero en lo que hace a contextura y contacto físico, está un poco lejos del de Tucumán.

– Cómo fue ser juez de touch del último partido de Los Pumas antes de viajar a Gales (ante América Invitación, en San Juan)

– Fue una experiencia muy linda, realmente no me había tocado nunca estar en un partido de Los Pumas, vivir la fiesta desde adentro, ser partícipe, ver el backstage… Estar con esos monstruos que uno ve por televisión como Contepomi, Albacete que, para mí, es uno de los mejores jugadores del mundo, un crack. Estar con ellos en la cancha y después en el tercer tiempo fue una experiencia maravillosa.

– Pero hay ganas de volver ¿extrañás?

– Sí, la verdad, no veo las horas de pegar la vuelta. Como será que hice 1100 kilómetros, me chupé un viaje de locos y no iba a salir por una contractura. No, lesionado no me iban a sacar de la cancha.

Para que no extrañe tanto, le regalamos una remera de Rugby Tucumano. «Me la pongo y me saco una foto», prometió. Si le sirve para estar más cerca de sus afectos, bienvenido sea.