El rugby nos devolvió el orgullo

El deporte de la ovalada está otra vez en las tapas de los diarios nacionales. Ahora es por conseguir la primer medalla para Argentina en los Juegos Olímpicos de Tokyo.

Los titulares de los diarios nacionales otra vez hablan de rugby. Pero esta vez no es para referirse de forma irónica sobre los supuestos valores que este deporte, noble deporte, pregona y alza orgullosamente sus banderas de respeto, solidaridad, disciplina, pasión e integridad.

Es para reflejar el valor de lo conseguido a base de mucho trabajo, esfuerzo y también de sacrificio. Nada más y nada menos que la Primera Medalla de los Juegos Olímpicos para Argentina. De bronce, sí, pero de un reflejo mucho más brillante que el oro.

Es que este grupo de jugadores viene trabajando desde hace años para ser respetados en el Circuito Mundial y que los triunfos conseguidos no dependan sólo de talentos individuales o de tener un buen día sino de una planificación seria, dedicación a full y constancia.

El mejor ejemplo es Gastón Revol, que desde el año 2012 eligió ser jugador exclusivo de Seven y es el único sobreviviente de aquél equipo que integró también Matías Moroni entre otros nombres. Porque pasaron muchísimos jugadores que año a año se sumaban y bajaban de los planteles. Sin embargo, el cordobés se mantuvo y logró la capitanía. Mantuvo mucho tiempo la cinta de capitán y sólo la cedió para este Juego Olímpico a Santiago Alvarez. Su desafío pasaba por otro lado. Lograr la medalla, cumplir con el sueño.

Y en eso tuvo mucho que ver el gran estratega y conocedor del juego, Santiago Gomez Cora quien sumó a un tucumano a su staff como Leonardo Gravano en 2013. Lento, de a poco, comenzaron a delinear el equipo que en los Juegos de Río de 2016 mostró lo que podían hacer si le dan tiempo, espacio y oportunidades, donde estuvieron cerca de pelear una medalla pero quedaron sextos tras caer ante Nueva Zelanda por 17 a 14.

El tucumano Leonardo Gravano con Santiago Gómez Cora. Trabajan juntos desde 2013.

El deporte, cualquier deporte, siempre da revancha. Y cinco años después tras un buen aprendizaje, en Tokyo, ,Argentina integró una zona con dos «monstruos» en el Seven como Nueva Zelanda y Australia.

Pero antes de hablar del camino al bronce, tuvieron que superar a uno de los rivales más duros que les tocó: el COVID-19.

Primero, la suspensión de los Juegos que iban a jugarse el año pasado y recién se pudo realizar, con todas las restricciones, este año. Después, la forma de entrenarse, con muy poca competencia. En esa búsqueda se fueron a Estados Unidos para entrenarse en Chula Vista que está reservado a los atletas olímpicos estadounidenses. La vacuna que no llegó a tiempo y tuvieron que ponérsela cuando llegaron a San Diego. El fallecimiento del papá de Gómez Cora que, justamente, se lo llevó el virus. Los chicos de Córdoba que se subían a un auto para ir a entrenar a Buenos Aires.

Y llegó el día del debut en Japón. Los Pumas daban muestra de madurez con un gran primer tiempo ante los Wallabies, venciéndolos por 29 a 19 y en el segundo partido, los All Blacks volvieron a ganarle 35 a 14. Ante Corea, cerraron con una gran perfomance por 56 a 0.

En cuartos de final los esperaba Sudáfrica. Más allá del rival, esa fase siempre fue la barrera, el gran obstáculo a superar tras años de entrenamiento. Ahí salió el espíritu de este equipo, del que siempre se habla en este rugby tan nuestro. A los dos minutos, el jugador emblema Gastón Revol vió la roja y Argentina jugó con seis jugadores la mayor parte del tiempo. Sin embargo, doblegó a los sudafricanos 19 a 14 a base de coraje y mentalidad fuerte. El primer objetivo, estaba cumplido.

Fiji era rival en semifinales. El primer tiempo esperanzador, que terminó a favor de los argentinos 14 a 12, se diluyó en con los errores que los campeones olímpicos no perdona y facturan. El partido terminó 26 a 14 a favor de los isleños y por la medalla de bronce había que enfretarse a Gran Bretaña.

Con dos noticias de bajas, Revol suspendido por su expulsión y Matías Osadczuk con una lesión en sus ligamentos, el partido arrancó con un try abajo pero se recuperó rápido el equipo argentino, sacando ventaja minutos después y sosteniendo un ritmo que le posibilitó acceder por primera vez a la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos.

La explosión de alegría y festejo mezclada con el llanto fue por todo lo que tuvieron que pasar y son el reflejo fiel de que el esfuerzo paga. Que con trabajo, disciplina, paciencia y convicción, se puede llegar.

Ellos lo soñaron y lograron cumplirlo. Nos cumplieron el sueño de llegar al podio en el rugby. Nos devolvieron el orgullo.