«El rugby fue mi refugio en los momentos más duros de mi vida»

La Tota Rabufetti, en la cancha Nº 1 de Tucumán Rugby.

Víctor Rabuffetti pasó por Tucumán invitado por el club Tucumán Rugby para dirigir el Veco Villegas. «Aquí me recibí de árbitro», confesó entre otras cosas en una entrevista con Rugby Tucumano.

Eterna sonrisa, amable, distendido. Disfrutando el entorno, en un contexto que le es muy conocido y que significó mucho para él en momentos en que más lo necesitó.

Víctor Rabuffetti, entrerriano, réferi y un referente del club Estudiantes de Paraná, estuvo en Tucumán para el Veco Villegas y habló de todo con Rugby Tucumano. Desde su apodo, hasta los momentos en que el rugby fue el salvavidas para seguir adelante.

– ¿Por qué Tota?

– Porque cuando era chico no pronunciaba las “r”. Entonces, en un cumpleaños de un gran amigo, su mamá me dice ‘Decile a los chicos que está la torta’ y yo fui y les dije ‘Chicos, está la tofta’. Y quedó. El grupo de amigos de rugby me conoce así.

-¿Y cómo comenzaste con el rugby?

-Nací y crecí en el campo hasta los 7 años. De ahí fui a la ciudad de Paraná para empezar a estudiar en la primaria y vivía al lado de los Uranga, familia si las hay fundadoras del rugby. Ellos fueron los primeros que me llevaron al club Estudiantes y era el más chico del grupo. Jugaba con ellos pero creo que ahí nació mi primera vocación en el reglamento porque era chiquito al lado de las otras ‘bestias’. En esa época el rugby infantil era hasta los 14 y no existía la organización que tiene ahora. Ahí comencé, seguí jugando hasta los 23, que tuve un golpe en la cabeza y como no podía jugar durante un año, acepté la invitación a colaborar como referí. Ya dirigía juveniles y después hice la promesa de no jugar al rugby durante un año, que me costó horrores cumplirarla pero entrenaba y dirigía. Ese año creo que le tomé el gustito a dirigir. Comencé a dedicarme fuerte en el 84 en un torneo regional, el primero que se hace con Santa Fe y Rosario. Lo que empezó siendo una gauchada, terminé dirigiendo en primera.

Cuenta que le aplicó el sin bin, de la forma que se hacía en Nueva Zelanda, a Ricardo Paganini. «El mayor papelón de mi vida», dice que siempre recuerda el dirigente rosarino.

“El bichito de dirigir seguía siendo una broma pero yo quería jugar. Por cuestiones personales muy fuertes (le cuesta seguir, se emociona) me dediqué a estudiar y dirigir un poco. El rugby fue un soporte enorme, muy grande, porque no creo que hubiera aguantado sino hubiera sido por el rugby. Volver a la cancha un día, que los dos equipos te estén esperando y que todas las personas que estaban ahí hicieran una comunión para que el partido fuera un homenaje… El rugby siempre fue mi refugio, el sostén de mi vida en los momentos más duros.  Cuando comenzaba a jugar,  mis padres se divorciaron. Es como mi segunda casita. Y mis amigos. Hasta el día de hoy nos seguimos juntando todos los jueves”, recuerda.

“El referato fue una cosa que se fue dando y un día estaba en Paraná, cuando se hacía el Centro de la República, creo que fue el año ‘86 u ’87. Allí jugaban Tucumán con San Juan. No estaba el árbitro y me dieron la ropa y a dirigir. Era nada menso que el Tucumán de esa época y el San Juan con el “Camión” Silvetti, con un pack de forwards pesado. Ese fue mi partido debut. Tucumán lo terminó ganando bien, por guapo. Hoy uno mira para atrás y dice: con 26 años, qué grado de inconciencia. Por eso cuando me dicen ‘no me animo a dirigir’ yo les contesto: si manejás una familia, un trabajo, un partido de rugby es lo mismo, parte de la vida. Además, yo era un tipo muy introvertido y me sirvió a mí para romper con la timidez”, asegura.

Ese año fue que comenzó el romance con Tucumán. Y la primera invitación a la provincia que le siguieron muchas más, entre otras, venir a dirigir un partido final del torneo tucumano porque no querían que lo hicieran árbitros locales.

Junto a Marcelo Abdala, antes del partido final del Veco.  “Me ve Jorge Niel en ese momento, el único réferi que estaba y no podía dirigir porque era tucumano y me dice. ‘Te invito al Veco Villegas’, que no pude venir por diferentes cuestiones pero sí el Club Estudiantes.  Así comencé mi relación con este club hermoso y comencé una amistad hermosa no sólo con la gente del club sino también con colegas. Comenzaron las invitaciones a los casamientos, a los bautismo y si bien no tengo hijos propios, a los de mis amigos los quiero como si lo fueran. De heho uno de ellos me dijo ‘cuando yo juegue el Veco, quiero que me dirijas’. Este año era el indicado pero no se pudo dar por una cuestión de organización. Me divierte entrar a la cancha pero hay cosas a nivel humano que me siguen emocionando. Por ejemplo, en el 91 me iba a casar y me hicieron la despedida de soltero acá. La verdad que le debo mucho al rugby y a Tucumán”, confiesa.

Dice que hoy, a los 51 años, entra a la cancha con otro espíritu. “Siempre sostengo que me recibí de réferi acá, en Tucumán. Si aprobás el examen en Tucumán, considerate un árbitro hecho porque el rugby es el deporte del molde del espíritu de este pueblo. A mí me gusta mucho la historia y hay que conocer la historia de este pueblo que es luchado, batallador. En todas partes del país vas a encontrar los mismos nombres en las calles: Junín, Chacabuco, Piedras pero acá se llaman Batalla de Maipú, Combate de Las Piedras… ese es el espíritu del pueblo que lo traducen a este deporte. Es el combatir, el pechar… un pueblo que le hizo frente a una invasión histórica, se declaró la Independencia Nacional y los setenta con un acontecimiento muy duro. Entonces, el rugby se traduce así para Tucumán. Hasta las mujeres vienen a la cancha, les gusta, opinan… todo el mundo habla de rugby. Yo viviría acá con gusto”, se ríe con placer porque se le nota que disfruta de estar en el ambiente y en el lugar que se respira rugby.

Porque en Tucumán se siente como si estuviera en casa.