Rugby tucumano Radio

mayo 16, 2017

Le hizo un try a la vida

EL MEJOR TROFEO. Damián, tras clasificar a la final del PRO D2, con su hijo Lisandro.

EL MEJOR TROFEO. Damián Arias con camiseta del Montauban tras clasificar a la final del PRO D2, con su hijo Lisandro en brazos.

Damián Arias, ex pilar de Lince, tuvo que pelearla desde abajo en su infancia y llegó con esfuerzo a forjar un presente feliz como titular en el Montauban, equipo de la segunda división francesa que se prepara para disputar la final ante el Agen. “Sin el apoyo de mi familia y mi club no hubiera sido posible ser lo que soy”, declaró.

5 minutos. Solamente 5 minutos fueron suficientes para entender un contexto. Cuando se habla de esfuerzo y sacrificio en el deporte, muy pocas veces se sabe qué se deja de lado para llegar a una meta.

Toda la historia de Damián Arias que se fue a los 22 años a jugar al Dax en Francia, casi sin haberlo hecho en su club formador, Lince, y que hoy disfruta de un gran presente como titular en su equipo Montauban que jugará la final del Ascenso ante el Agen, quedaron reducidos a una nota de 5 minutos, donde contó parte de su infancia y el apoyo incondicional de su madre, Claudia, para enfrentar una realidad que viven muchos jóvenes tucumanos y no sabe cómo enfrentarla: pobreza, delincuencia, drogadicción. Un cóctel que tiene un sólo antídoto: la educación y la formación en casa.

Comenzó su amor con la ovalada casi de casualidad. Tenía 12 años y su mamá lo llevó a un control, preocupada por su peso, pero el médico le dijo solamente que necesitaba actividad física. Ahí se le cruzó el rugby a través de una pantalla de televisión. Y no lo dejó más.

“Creo que era un partido de Toulosse… no recuerdo muy bien. Me decidí por el rugby y mi mamá me llevó a Lince porque conocía en el hospital a un internado que siempre le hablaba del club. Jugué ahí hasta los 18 años, aproximadamente, donde coseché muchos amigos y estaré siempre agradecido por todo.

jovenes y con sueños. uan Pablo Joya, Chipi Haustein y Rama Moyano

Julio 2008. Juan Pablo Joya, Federico Haustein, Ramiro Moyano y Damián Arias. Pumitas M18.

Integré los seleccionados juveniles Naranjitas y Pumitas y también la mayor en La Naranja. Jugué el Mundial M20 (junto a Ramiro Moyano y Emiliano Coria, también de Lince) y todo eso me sirvió para que mi agente consiga una posibilidad en Francia y no dudé: dije que sí. La verdad, fue todo muy rápido”, cuenta resumidamente su historia Damián Arias que hoy comparte junto a su esposa Camila y su hijo Lisandro, de tres años, un presente feliz en una ciudad como Montauban, pequeña pero con mucha más vida social que la anterior. Allí tiene más amigos, cuenta que habla muy bien el francés (eso le dicen) y ya está pensando en lo que viene. Quiere quedarse y trabajar.

Estuvo tres años en el Dax donde siempre la peleó en el descenso. El primer año en el Montauban fue difícil porque tenía una hernia cervical, tuvo que operarse y regresó a las canchas a los 5 meses. Carcassone fue su primer partido el año pasado hasta que se ganó un lugar como titular y ahora tiene un presente espectacular, con su equipo clasificado a la final. Y Damián sabe que las chances en la vida no son muchas y que hay que tomarlas con fuerza cada vez que pasa.

“Esta es una gran oportunidad que me da la vida para ser campeón y lograr el sueño de jugar en Primera división”, aseguró.

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Jugando en la Primera de Lince. (Foto: L. Juárez)

“Yo quería ser algo en la vida”

Cuentan una historia que una vez vino un club de visita a jugar a Lince. Uno de los chicos alojados, fue a la casa de su anfitrión pero al otro día, el nene no quería volver. Quería estar con sus compañeritos. Preguntaron quién lo había llevado y tímidamente Damián Arias levantó la mano. Cuando le consultaron donde vivía, entendieron todo.

“Era un chico de Mendoza. Y recuerdo que la pasó bien… bah, creo. No niego que en mi niñez viví en un barrio complicado, que le dicen El Trula. Me crié ahí hasta los 19 años pero mi niñez fue buena, siempre apoyado por mi mamá. Ella siempre estuvo a mi lado aconsejándome”, dando credibilidad a la historia.

“Sí… yo era un villerito y de eso no me olvido. Escuchaba tiros, gritos, veía de vez en cuando un muerto… Eso me sirvió para darme cuenta lo que no quería. Que tenía la posibilidad de cambiar esa realidad para mí y para mi familia”, contó seguro en sus palabras.

Claudia CoronelSu mamá, Claudia y su papá Víctor, fueron clave no sólo en su crecimiento sino en la firmeza del carácter forjado por el ahora pilar de Montauban. “Mi mamá sobre todo era la que siempre me ponía de ejemplo a mis amigos. Con ellos nos frecuentábamos cuando éramos niños pero ya grandes, ellos vivían en la calle, no estudiaban, no trabajaban… No hacían nada y se drogaban. Yo ya había comenzado rugby y pensaba solamente en rugby. Eso me trajo problemas porque no estudiaba y mi mamá renegaba por eso. Ella siempre me recalcó que estudie, que termine el secundario y después, que haga lo crea conveniente con el rugby. Gracias a ella soy lo que soy”, recalcó.

No quiere victimizarse ni mucho menos. Pero cree que su historia pueda servir a aquellos que sienten que no pueden superar un realidad desprovista de posibilidades.

“Yo quería ser algo en la vida. Ser deportista. Ese era mi sueño y nunca abandoné. Vivía una situación complicada, muy humilde… a veces no tenía para comprar la ropa del club o los botines y en Lince siempre me ayudaron y estuvieron presentes. Yo no quiero nombrar a alguien en particular porque todos estuvieron pendientes de mí. Si no podía pagar los viajes, ellos siempre tenían una solución haciendo rifas o vendiendo cosas para que pueda viajar. Siempre estaré agradecido por eso”, recordó.

“Los chicos del barrio son así porque ellos eligieron ser así. Si una persona se pone una meta, más allá de lo difícil que sea, siempre la logra. Ese es mi mensaje. Con esfuerzo y dedicación, siempre se logran cosas. Eso es lo que yo implementé y me llevó a este presente. No me veía siendo una mala persona y menos soportaba la imagen de verla a mi mamá sufriendo por mí, con todo lo que ella hizo y trabajó para sostener una familia numerosa, con 7 hermanos”, resaltó a quien fue el pilar de su vida.

Hoy, la vida le devuelve con creces su constancia, esfuerzo y dedicación. “El club en el que estoy es un club chico que creció mucho en los últimos años. Estamos a un paso de demostrar que estamos en el nivel que pretendemos y lograr el sueño de jugar el Top 14″, aseguró.

“¿Despues del rugby?… Yo me siento bien acá. Me gustaría seguir y terminar mi carrera acá. Estoy viendo qué formación seguir para después del rugby y quedarme a vivir en Francia”, finalizó.

¿Y la selección?

Damián respira profundo. Piensa y contesta. “Sigue siendo un sueño jugar con la Selección. Cuando tuve que hacerlo, dí lo mejor de mí, como en el 2014. Espero poder cumplir también esa meta”, responde sincero.

Ahora está a la espera de la final del Ascenso contra el Agen para ganar el título y jugar en Primera.  Aunque hay algo que, quizás, aún no se dio cuenta.

Eso… eso ya lo logró hace tiempo.

2 COMENTARIOS

  1. Juan Fornaciari dice:

    Estas son las cosas que a uno le llena el tanque de la pasión.
    Abrazo a Damian Arias y a su familia por supuesto.
    Me tocó en suerte compartir un pedacito de su vida rugbística.
    Un ejemplo a seguir.

  2. Horacio Cortés dice:

    Excelente nota. En todo sentido.

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